Desayunos


Me gusta comer. Para los que me conocen es una cosa notoria. Para los que simplemente me ven, también. Disfruto al comer, cenar y desayunar. Comer es mucho más que alimentarse y, por eso, en nuestros días proliferan estudios antropológicos sobre el asunto. Yo también he reflexionado sobre ello y creo que estoy en condiciones de ofrecer algunas luces sobre una cuestión que no es tan trivial. He comenzado, lógicamente, por el desayuno. O, dicho de otra manera, me he desayunado en mi reflexión alimenticia con la realidad social del desayuno.

Hay muchos desayunos. Una primera clasificación responde a los distintos tipos según las variables geográficas y regionales. Hay desayunos continentales, mediterráneos, asiáticos y uruguayos. También, alcarreños y maragatos. No me interesan. Mi especulación sobre asunto tan sublime se refiere, más bien, a los tipos de desayuno según la circunstancia en la que se dan.

Existe el desayuno de trabajo. Puede ser de dos modos. El más común es aquel en el que los presentes discuten, mientras desayunan, asuntos políticos o económicos como la edad de la jubilación, la fecha de las vacaciones o cuánto se suben el sueldo. Suelen ser bastante fríos. Otra forma, que he experimentado en mi etapa de cura rural, es aquella en la que la cuadrilla del ayuntamiento de un municipio de la ribera del Ebro, tras haberme limpiado de palomino la torre de la iglesia parroquial, participa de un desayuno ofrecido por mí y que consiste en huevos fritos, magras con tomate, panceta, madejas y todo tipo de delicatessen del cerdo. Normalmente culmina con un carajillo y una copa de orujo. Es mucho más humano que el anterior y conduce directamente a la siesta.

El desayuno de televisión es un tipo de tortura. Un grupo de periodistas de colmillo afilado, con la excusa de un café con cruasán, someten a un personaje público a todo tipo de preguntas comprometidas en un contexto de visibilidad. Normalmente el invitado no puede dar ni un sorbo al líquido desayuno que, al fin, se comprende como el trozo de queso en una ratonera.

Hay un desayuno festivo. Es el escogido por aquellos que, tras una larga noche de sábado, deciden levantarse a la católica (es decir, cuando Dios quiera). Puede responder a la necesidad o a la vagancia. El problema que presenta su estudio es que se confunde con otros usos gastronómicos como la comida o la merienda. En los casos más extremos, con la cena.

El desayuno de película es desconcertante. Suele tenerse por la noche y a media luz. El más famoso de ellos es el Desayuno con diamantes y tiene como invitada a la maravillosa Audrey Hepburn. Es altamente romántico y emociona, pero repetirlo cada noche puede llegar a cansar.

En el último mes, me he encontrado con un nuevo tipo de desayuno. Parece ser que nuestro Presidente va a participar en él. Es el desayuno de oración y resulta contradictorio. Contradictorio porque está claro que no se puede desayunar mientras se reza: ¡sería una falta de respeto! Sin embargo, es conocido que sí se puede rezar mientras se desayuna. Pero esto no preocupa a Zapatero, porque él no va allí para desayunar; tampoco, para rezar. Va a retratarse. Y esto lo conseguirá, aunque le cueste caro.

Comentarios

  1. Me ha parecido muy acertada la relación entre desayunos y nuestro presidente. Resulta un artículo muy fresco y jóven.
    En cuanto a lo de la comida, a mí también me gusta comer, sobre todo el ritual de las comidas. Todavía más si es en restaurante o casa ajena o en la mía con tiempo. Una verdadera lástima que esta crisis que nos va afectando poco a poco a todos, me limite algo el salir a cenar fuera. Ya vendrán mejores tiempos.

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  2. He podido desayunarme con el discursito pseudo-religioso del presidente Zapatiesto, reconozco que se me ha atragantado (no mi desayuno, si no el discurso). Nunca, repito: NUNCA, me ha parecido más blasfema la utilización de la Palabra de Dios. Jamás el libro del Deuteronomio ha servido para una justificación más torticera, falaz, baja, rala, absurda, insultante, ruin, mezquina, retorcida, infeliz, necia, torpe, injuriante, pecaminosa, pornográfica, mentirosa, sucia, grotesca, dantesca, febril, masónica, ratera,misterbiniana (de Mr. Bean), inútil, deshonrosa, libertina, injusta, fea, cateta, encolerizante, (...) de la peor política, del por pensamiento, del hombre con menos luces, inteligencia, y menor saber y entender que se podía sospechar. Este diablo de la política, este satanás de la palabra, este mentiroso compulsivo es capaz de lo peor y lo ha demostrado. Pero la Palabra de Dios es espada de doble filo... al final él mismo caerá abatido por la palabra que ha enarbolado como enseña y que un día -oráculo del Señor- se le clavará en la garganta como espada afilada y terminará con este maldito Herodes, cuyas hazañas no contará jamás la historia.

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  3. Me gusta mucho cómo llevas al lector por paraderos desconocidos para acabar en algo harto conocido. El arranque es excepcional. Un texto muy fino. Me ha gustado que no empezaras como todos haríamos: por la idea principal. Espero qeu te lleves tu merecido, que es sobresaliente.

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  4. Ah, casi se me olvida: ¡La foto es maravillosa!

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  5. Gracias Carmen! Gracias Lydia! Gracias Paula! Después de la clase de hoy con JFSánchez, diría que el texto es un juguete, Si os ha divertido, mejor que mejor. La idea es evidente, pero los caminos... ¡ay los caminos!
    ¡Ángel! No te nos vuelvas al profetismo veterotestamentario aumentado con la capacidad de adjetivar de Quevedo y Pla juntos. Pero tienes razón. Lo de ayer fue una de las expresiones de mayor perversidad de la historia: como el demonio en las tentaciones del Señor. También el engañador conoce las Escrituras...

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