WikiLeaks: un problema deontológico


Los fines del periodismo y de toda actividad informativa son tres: vigilancia, correlación y encuesta. En el caso de WikiLeaks se aprecia una malformación de la idea de vigilancia, un gigantismo en la comprensión de lo informativo como un servicio público. No se ha tenido en cuenta, según prudencia, los bienes que están en juego y se ha aplicado el principio de la suma justicia -del justiciero- que siempre deriva en la suma injuria. Además, se ha omitido el carácter más genuino de lo que significa mediar: no se ha editado la información, sino que se ha volcado sin tener en cuenta las repercusiones sociales y políticas que estos documentos puedan tener.

WikiLeaks se ha convertido para muchos en el martillo de herejes. WikiLeaks es el único "medio" capaz de denunciar sin paños calientes la perversión de los Estados Unidos de América. Creen estos irresponsables que su acto ha sido heroico (quizás por eso pidan donativos para seguir obrando así).

Pero, ¿se corresponde esta actuación con la del profesional de la comunicación? No. En primer lugar, WikiLeaks no ha realizado su función medial. No ha ofrecido un producto informativo trabajado, en el que se garantice el mayor bien posible y se conjugue la denuncia con la protección de las naciones y de las personas individuales, cuyos nombres aparecen, aunque sea de refilón, en el arsenal de documentos secretos que se han vertido en la red. En segundo lugar, no se dice nada relevante acerca de la fuente de las filtraciones ni de su supuesto interés por airear este caudal ingente de papeles, cifras y claves. ¿Qué significa esto? Que no se ha hecho periodismo, sino publicidad y, además, con un fin no muy claro que estaría muy cerca de la propaganda. Es más, estos pseudo comunicadores se han arrogado funciones jurídicas decretando el fin de un más que presumible secreto de sumario.

¿Ha comprendido algo más el lector informado? No. Sigue igual de perdido entre un maremagnum de dossieres que, en el mejor de los casos, apoyarán sus prejuicios.

¿Seguir una conducta deontológicamente correcta exime al informador de ser moral y buscar lo bueno en general? No. No hay una acción buena en el nivel de la ética profesional, si no la hay en el plano más básico de la ética general. Con esto quiero decir que, si estos documentos son la expresión de un delito de lesa humanidad perpretado por USA y sus aliados, quien lo haya conocido de un modo fehaciente tiene la obligación de denunciarlo ante un tribunal universal. ¿Qué hacen nuestros amigos de WikiLeaks que no denuncian? Han tirado la piedra y han escondido la mano. No han sido capaces de poner el cascabel al gato. Lo han enseñado y han huído.

Cuando menos, hay que decir que WikiLeaks ha incurrido en una mala conducta profesional y debe enmendarla. Probablemente, afirmen que se mueven en los parámetros de la libertad de prensa. Pero, ¿son expresión de una prensa para la libertad? Le preguntaremos al señor Assange.

Comentarios

  1. En mi opinión has dado en el clavo! Han sido, en una palabra, unos cobardes; y se han llevado un mérito internacional, pero no creo que sea profesional por todo lo que argumentas ahí arriba. Es un tema que da muchísimo de sí y hay que tener en cuenta muchos pros y muchos contras; pero al final también hay que plantearse si el fin justifica los medios, si ha sido realmente algo productivo tirar como una jarro de agua helada los miles de documentos a toda la humanidad porque yo aún ando perdida entre tanto cable porque intento entender, pero no puedo porque no estoy preparada, muy poca gente lo está

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  2. Muchas gracias, Lydia, por tu comentario desde allende los mares. ¿Quién estará debajo de esta macrofiltración? A mi me da una pereza terrible leer un solo documento de Wikileaks. ¿Por qué no me lo facilitan estos "periodistas"?

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