Pro aborto contra Pro vida


El título debe escribirse así. En este caso no se cumple la hiperconocida propiedad de Teoría de conjuntos y que se ha dado en llamar "conmutativa". Si bien es cierto, mostrencamente cierto, que los "Pro aborto" están en contra de los "Pro vida", no cabe afirmar que los "Pro vida" están en contra de los "Pro aborto". El orden de los factores altera el producto. El "Pro vida" es simplemente eso: un pro vida. Y eso fastidia a los "Pro choice" ( introduzco el palabro por aplicar la variatio debida en un texto semiliterario).

No es esta cuestión de base lógica lo que quería airear hoy aquí. Lo relevante de este post es el mostrar el punto en el que se discrimina una actitud "pro vida" de una "pro aborto". Lo distintivo no radica en la cuestión de los plazos, ni en la del deber de los menores de comunicar a sus padres la "decisión". NO. Por eso podemos decir que los miembros del PSOE que disienten del nuevo proyecto de ley del aborto por estas razones no son "Pro vida". Del mismo modo, podemos afirmar que aquellos miembros del PP que amenazan con llevar al Constitucional dicho proyecto de ley y que, para ello, aducen las razones señaladas, tampoco son "Pro vida".

La cuestión definitiva es afirmar que la vida es siempre un bien -el mayor bien- y que debe gozar de todas las garantías (como por otra parte se desprende de la parte dogmática de nuestra Constitución). Está afirmación es necesaria y suficiente para engrosar las filas de los "Pro vida". Al mismo tiempo, se debe afirmar que el aborto es siempre un mal. Un mal personal y también político, pues destruye las bases de nuestra convivencia pacífica. Dejando a parte la dimensión personal, el aborto, por lo que tiene de antipolítico, se muestra como un delito. Sí, como un delito. Por tanto, el Legislativo, en su deliberación, habrá de ver cómo puede evitarlo y sofocarlo. La Asamblea que es fruto del único momento democrático que nos queda deberá hacer todo lo posible -TODO- para que no se contravenga la ley y el derecho. ¿Con qué medios? No creo que se pueda prescindir de las penas. Descubrir que tipo de penas son las convenientes es harina de otro costal (que en este momento no voy a abrir).

Espero no haber oscurecido la cuestión con estas escuetas reflexiones. De haber conseguido arrojar un poco de luz, cuando a los cristianos se nos diga que en el voto debe valorarse la defensa efectiva de la vida, estaremos en condiciones de entender qué se está diciendo.

Comentarios

  1. Muy de acuerdo con Vd. El aborto no es un mal, es como una especie de origen del mal, porque toca las fuentes de la justificación de cualquier otro derecho. Con el aborto, es posible que se haya dado inicio en este país al resto de los declives sociales y las injusticias en que podemos llegar a caer y en las que ya nos movemos. Es haber herido de muerte a la democracia, porque todo el resto de sus pilares quedan sin suelo en que apoyarse. Abrigo la esperanza, no obstante, de que se pueda sostener el dique agrietado, sin aumentar la herida, mientras logramos encontrar unas cabezas más humanas que nos gobiernen. Y eso puede hacerse tratando de derrocar al tirano. Como dice el Prof. LLano en un artículo de estos días, es una emergencia electoral.

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  2. Gracias por entrar y dejar esta constancia tan constructiva.
    Permítame que le llame querido amigo. No he querido reflejar la desolación en la que queda la persona al valorar como solución el mal más imborrable; pero sí, el carácter de cáncer político que esto representa. No quiero hacer valoraciones sobre el voto conveniente y el inconveniente. Sí recomendarle la lectura de otro artículo de Llano. Aparece hoy en Alfa y Omega. En él, desde la wittgensteiniana distinción entre el "decir" y el "mostrar", desmonta magistralmente dos declaraciones de miembros del Gobierno. Aído y Rodríguez Zapatero.
    Un saludo cordialísimo.

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