Framing


La cuestión del "encuadre" es uno de los temas más controvertidos para los teóricos de la comunicación informativa. Todos tenemos la imagen de una redacción en la que el jefe corrige una y otra vez a los redactores imponiéndoles una forma concreta de mirar a los acontecimientos potencialmente noticiosos. Esta "forma concreta de mirar" puede venir marcada por los intereses del grupo de comunicaciones, por los de los mayores anunciantes, por los de una ideología o de una moda. "Línea editorial" le llaman.

Si ya el pediodista, de por sí, es un "gate-keeper" (un filtro, para entendernos), la cosa se complica cuando adopta para el ejercicio de su profesión la "Teoría del Framing" en sentido duro. El "encuadre noticioso" -"news frame"- hace referencia al proceso por el cuál los medios seleccionan unos determinados hechos y les asignan una definición, una interpretación, un juicio moral o una recomendación concreta. Es verdad que no cabe una práctica informativa que garantice la aséptica falta de opinión: el "sólo hechos" de la Escuela de Missouri. Pero hablar de encuadre supone jugar con fuego. Encerrar una parte de la realidad, permitiéndo su acceso a ella (y no a otras), es al menos riesgo próximo de manipulación. Por eso a los medios y a sus profesionales se les debe exigir un máximo de prudencia que ordene el resto de virtudes que, como el valor a un soldado, se les supone (especialmente la veracidad).

En una tipología del encuadre realizada en el año 2000 por Semetko y Valkenburg, nos encontramos con el llamado "encuadre de conflicto". Consiste en abordar la noticia enfatizando el choque personal o institucional para captar el interés del público o la audiencia. Este es el tipo de "news frame" que gusta hoy en nuestra España para tratar las relaciones Iglesia (Católica, claro)- Estado. Además, una parte de los medios no presentan un choque del tipo institución-institución, sino más bien uno del tipo institución democrática-institución, digamos, anacrónica. Este encuadre es claramente manipulador, pues (des)-califica de modo tendencioso e injustificado a uno de los interlocutores sociales básicos del Estado.

El ejemplo nos viene dado por la actualidad. Una serie de colectivos nacidos dentro de la sociedad democrática se pronuncian, haciendo uso de su legítima iniciativa social, en contra de un proyecto de ley. Ninguno de los grupos convocantes de las concentraciones que han tenido lugar en el pasado fin de semana pueden ser calificadas de confesionales. Todas ellas están inscritas en los correspondientes registros (civiles) de asociaciones. Pues bien, una parte de los medios de nuestro país, siguiendo acríticamente las declaraciones de todo tipo de leyres y bibianas, han atribuído la convocatoria de las manifestaciones a la jerarquía católica en un contexto de presunta pugna para controlar la marcha de la sociedad. Este particular "encuadre de conflicto" beneficia a un Gobierno que adopta cortinas de humo para ocultar su ineficacia, dice muy poco de la labor de investigación de los periodistas e indica que existe una constelación de medios informativos que bailan al agua de las decisiones gubernamentales. Os propongo dos ejemplos al caso:

* Una noticia muy mal tratada: El País

* Una noticia bastante bien tratada: La Vanguardia

Comentarios

Entradas populares